Lo vintage puede estar bien, pero no para dirigir tu empresa.

Vintage:
1.f. Que, a pesar de no ser nuevo, está de moda por su atractivo diseño.
2.f. Objetos o accesorios de cierta antigüedad, que aún no pueden clasificarse como antigüedades, y que se considera que han mejorado o se han revalorizado con el tiempo.

Mentiríamos si dijéramos lo contrario, el futuro de la moda pasa por la normalización del consumo vintage. Como todo el mundo sabe, la moda es un mundo cíclico en el que (casi) todo acaba volviendo. Todos hemos visto fotografías del pasado e incluso hemos abierto armarios y nos hemos llevado las manos a la cabeza, preguntándonos cómo podíamos estar tan tranquilos y no sentir vergüenza al salir a la calle vestidos así. Y todos hemos visto fotografías (normalmente de otras personas) de hace años y hemos pensado que ojalá la sociedad estuviera preparada para volver a vestirse así.

Lo «vintage», además de tener un peso significativo en términos de estilo, tiene un gran valor coleccionable. Muchas personas adquieren estas prendas para usarlas, pero después de conservarlas durante unos años más, se convierten en antigüedades. Lo que antes era una inversión ligada a la nostalgia por un pasado mejor, se convierte en una inversión que aumenta su valor sin tener que salir del armario. Cada vez hay más tiendas y plataformas especializadas en este estilo, donde se pueden encontrar joyas perdidas que desbloquean recuerdos y te sacan una sonrisa y alguna que otra anécdota.

En cuanto al mundo de la tecnología, donde el concepto cíclico pierde todo su significado y la evolución es la matriz predominante, lo vintage deja de ser extraordinario. Se convierte en una carga que todo el mundo quiere desechar. Los minicomputadores con sistemas de captura de datos popularizados en los años 70 hace tiempo que dejaron de considerarse vintage para acabar finalmente en la bolsa de las antigüedades, donde los años que pasan nunca desaparecerán.

Hoy ya estamos en la tercera década de este siglo. Es sorprendente que sigamos considerando la tecnología ERP, promovida en los años 90 y popularizada a principios de siglo, como algo nuevo y revolucionario. Si echamos la vista atrás, todos pensaríamos que este punto resolvería el dolor causado por las plataformas de antaño en términos de Implementación y falta de funcionalidad en la película.

Todos pensaríamos que la desesperación de tener que gastar dinero, tiempo y esfuerzo tratando de adaptar su empresa a un software empresarial incompleto sería cosa del pasado. Todos pensaríamos que podríamos conocer en tiempo real y en todo momento el estado de nuestro inventario o nuestra cadena de suministro. Todos habríamos apostado que, a mediados de 2021, cuando una empresa necesitara implementar un software empresarial y el proveedor y consultor de turno indicaran el coste y el tiempo de ese proyecto, ese coste y ese tiempo se cumplirían y no se multiplicarían por x.

Y aún más, todos sabemos lo que Excel ha significado para las empresas desde su creación. ¿Alguien pensó que después de tantos años, las empresas dependerían de hojas dinámicas y macros para resolver las brechas que dejan los ERP, en los que una coma mal colocada puede causar un desajuste perturbador que llevará días resolver?

Aunque muchas empresas siguen en estas condiciones, cada vez son más las que toman el camino de la innovación y saben adaptarse a los tiempos que viven. Porque sí, lo vintage puede ser excelente para la ropa, pero en el corporate lo vintage se considerará anticuado más pronto que tarde.

Miguel Fuentes
Asistente ejecutivo
LOVIS

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