Cuando compré mi primer coche, un Ford de segunda mano, esperaba que funcionara desde el primer día y me llevara a cualquier parte, siempre y cuando le echara gasolina y lo mantuviera en buen estado. Y eso es exactamente lo que pasó. Los coches son máquinas complejas, pero funcionan como se espera durante muchos años y kilómetros. Toda esa complejidad se esconde detrás de una interfaz de usuario sencilla que incluye un volante, pedales, pantallas, palancas y otros controles. Por supuesto, debemos aprender a conducir y obtener un permiso de conducir, lo que en algunos países puede resultar difícil, y de vez en cuando aprender las características y mejoras de un nuevo modelo. Cada marca y modelo ofrece funciones que los usuarios pueden configurar fácilmente, como el modo de conducción, la posición del asiento y los espejos, la selección de música y la temperatura de la cabina, entre otras.
Hoy en día, nadie espera comprar un coche como se hacía a principios del siglo XX, cuando cada vehículo se fabricaba a mano, uno por uno, mediante un proceso lento y meticuloso llevado a cabo por un equipo de expertos en ingeniería automovilística. Hoy en día, los fabricantes de automóviles son responsables de comprender lo que los clientes necesitan y desean, y de ofrecer un producto final totalmente funcional. Si algo no funciona, existe una garantía, los concesionarios autorizados se encargan del mantenimiento periódico y, si se produce un accidente, el seguro lo cubre.
Entonces, ¿por qué seguimos aceptando la forma en que se distribuye el software empresarial hoy en día?
Se nos dice que seleccionemos el mejor módulo para cada parte de nuestro negocio, que añadamos código para adaptarlos a nuestras necesidades y que configuremos integraciones y herramientas de triple coincidencia para transferir datos entre módulos. Si algo sale mal, se nos dice que el software es excelente y que la culpa es de los usuarios o de la empresa. Imagina que un fabricante de automóviles te culpara por el mal funcionamiento de tu coche porque el motor y la transmisión que elegiste no encajan entre sí, a pesar de que ambos son de primera calidad. ¿Pagarías y esperarías un convertidor de par personalizado, solo para que te culparan si aún así no funcionara porque la pieza se había fabricado incorrectamente? ¿Aceptarías eso?
Si no lo harías, ¿por qué aceptamos que se nos culpe por problemas en el software empresarial que no deberían haber ocurrido en primer lugar? ¿Y qué podemos hacer al respecto?
La respuesta es seleccionar una plataforma de software empresarial construida de la misma manera que Henry Ford decidió fabricar automóviles: con todas las funciones necesarias ya disponibles y totalmente integradas desde el primer día. Debe ocultar la complejidad tras una interfaz de usuario intuitiva y estar preparada para ejecutar procesos empresariales integrados, de principio a fin, en línea y en tiempo real, sin interrupciones ni interrupciones. Debe adaptarse a su organización actual y a su evolución futura, utilizando parámetros empresariales que los usuarios puedan comprender, con Cero Código, y que solo requieran una formación y certificación razonables para su funcionamiento.
Al igual que un coche, el software empresarial tiene sus límites. A veces es necesario conectar aplicaciones adicionales para ampliar la funcionalidad y satisfacer las necesidades empresariales. Es como conectar el smartphone al centro multimedia del coche, añadir un dispositivo de peaje, acoplar un remolque o cambiar los neumáticos. Del mismo modo, se puede añadir una plataforma de comercio electrónico, un CRM de prospección o una plataforma front-end para hostelería, sanidad o banca. Con los conectores API adecuados y unas instrucciones claras, todo esto debería estar listo para funcionar en pocos días.
El paradigma del software empresarial modular y personalizado por código surgió en la década de 1990, impulsado por el temor a un posible colapso del efecto 2000, cuando el software disponible era inmaduro e incompleto. La mayoría de las implementaciones se han limitado a las finanzas y la contabilidad tras años de esfuerzo solo para que estas funciones funcionaran, dejando las operaciones fuera de su alcance. Es como aceptar un coche sin asientos para la mitad de la familia porque el esfuerzo necesario para instalar los asientos delanteros era demasiado pesado y llevaba mucho tiempo.
Más de 30 años después, la mayoría de los proveedores de software han mantenido este modelo porque es difícil romper con sus orígenes. Las organizaciones y las universidades han reforzado y perpetuado el paradigma. Es hora de romper con lo que hacen todos los demás, dejar de luchar por ejecutar el software y encontrar la forma adecuada de gestionar su negocio.
Buen viaje.
Rafael Funes
LOVIS
