Cuando escuchamos el término «transformación digital», muchos de nosotros tendemos a limitar su impacto y sus beneficios al entorno empresarial; normalmente pensamos en tres temas destacados: los procesos, los empleados y los clientes. Cada uno de ellos obtiene un enorme beneficio de la transformación digital.
Los procesos de cualquier empresa se vuelven mucho más ágiles, seguros y eficientes, respaldados por los sistemas que los ejecutan; se puede evitar la recopilación y duplicación de información en las bases de datos. Se dispone de mejores herramientas de supervisión, lo que proporciona visibilidad de todos los dispositivos, redes y servidores con una granularidad nunca antes vista.
Los empleados se benefician al disponer de dispositivos y herramientas que facilitan la realización de tareas, lo que les hace más eficaces. En lugar de iniciar y cerrar sesión en múltiples sistemas, recordar docenas de contraseñas y navegar por diferentes entornos, hoy en día es posible acceder a un entorno de trabajo personalizado y seguro desde un teléfono móvil, una tableta o un ordenador portátil, obviamente desde su casa, la oficina o cualquier lugar con cobertura, y dependiendo del tipo de aplicación, a veces incluso sin ella.
Los clientes pueden interactuar de forma inmediata con una amplia variedad de dispositivos a través de los cuales pueden resolver de forma intuitiva sus necesidades, generar una experiencia de compra y establecer una relación sólida con el proveedor.
Un factor que ha permitido y probablemente incluso provocado esta transformación es la democratización de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación). Hace no muchos años, un PC con 64K de RAM era un dispositivo que causaba asombro, y solo los bancos, las universidades, las grandes empresas y los centros de investigación tenían acceso a los famosos mainframes y a interminables filas de discos que, sin duda, no alcanzaban un terabyte de capacidad, todo ello protegido en monumentales centros de datos con requisitos rigurosos, especialmente en cuanto a temperatura, suministro eléctrico de emergencia y acceso personal. Además, había que contar con un equipo de ingenieros cuasi científicos para que todo funcionara a la perfección. Había que hacer inversiones millonarias para formar parte de la élite que podía procesar y almacenar grandes cantidades de datos.
El otro elemento significativo es la evolución de las comunicaciones. Hace menos de 50 años, las grandes empresas, las corporaciones de talla mundial y los gobiernos gestionaban sus redes con la intención de aumentar la fiabilidad de la voz y los datos que compartían. En países como México, había que esperar meses e incluso años para instalar un teléfono. Aunque todavía hay zonas del mundo sin cobertura de telecomunicaciones, allí donde la hay, tiende a ser mucho más fiable que nunca.
Hoy en día, gracias a la famosa Ley de Moore, que ha permitido una capacidad informática mucho mayor con la consiguiente reducción de costes, es posible que cualquiera tenga acceso a la capacidad informática y de almacenamiento necesaria a través de cualquier proveedor de servicios en la nube que exista. Podemos trabajar desde cualquier lugar, procesar cualquier cantidad de datos mediante un algoritmo de inteligencia artificial muy complejo, obtener los resultados en segundos y luego liberar esa capacidad de procesamiento y almacenamiento para que la utilice otra persona. Pagamos por lo que usamos sin necesidad de realizar ninguna inversión de capital.
La transformación digital también ha traído grandes beneficios al «ciudadano de a pie», lo que ha repercutido en nuestro bienestar casi sin que nos diéramos cuenta a lo largo de los años; de hecho, la pandemia que hemos vivido ha acelerado este proceso de forma espectacular en pocos meses. ¿Cuánto tiempo hace que no vas al banco? ¿Cuántas horas a la semana dedicabas a ir al supermercado? ¿Cuántas horas al día pasabas yendo a la oficina y volviendo a casa? Supongamos que tenemos la suerte de vivir en una zona con cobertura móvil, wifi u otros servicios. En ese caso, tenemos más tiempo para hacer lo que queremos: trabajar más, montar un negocio alternativo, estudiar un curso en una universidad de prestigio mundial, jugar, pintar, tocar un instrumento, hacer ejercicio y vivir más con nuestros seres queridos; en resumen, la lista es interminable.
Los elementos para mejorar nuestro bienestar ya están aquí gracias a la transformación digital. Depende de nosotros aprovecharlos. ¿Cómo queremos vivir, utilizando la tecnología en nuestro beneficio o dejando que la tecnología nos utilice en nuestro perjuicio?
Carlos Allende
Director general de LOVIS .
